María, sobre sus sensaciones en el último viaje de nuestra ONG, DESTINO GRECIA

“Una vez que abandonaron su país quedaron sin abrigo; una vez que abandonaron su Estado se tornaron apátridas; una vez que se vieron privados de sus derechos humanos, carecieron de derechos y se convirtieron en la escoria de la Tierra” (Hanna Arendt, “Imperialismo”)

“Hace ya unos años, mi familia y yo decidimos crear una pequeña ONG de Acupuntura Humanitaria: Ling Tao Acupuntorxs Descalzxs, de la cual soy vicepresidenta. Entre otros, en este tiempo, hemos realizado un pequeño proyecto en Guatemala, donde hemos estado viajando aprovechando nuestras vacaciones. Y en esta ocasión, de nuevo todxs estuvimos de acuerdo en que, aunque el cambio con nuestra presencia fuese pequeño, queríamos ir y ver que podíamos hacer en Grecia y colaborar con las personas no-refugiadas.

Durante el mes de julio y agosto estuvimos trabajando en un “campo diferente”, el “Proyecto Elpida, que se esfuerza por ser un proyecto piloto que demuestre que la acogida a personas que huyen del horror puede darse con dignidadY yo diría que al menos en nuestro tiempo de colaboración este “intento”, no sin dificultades, se conseguía. Durante nuestra estancia allí, además visitamos otros campos (e incluso intentamos colaborar en algunos). En estos campos regulares, donde constatamos como  llegaban a alcanzar los 40 grados en julio y agosto (aunque actualmente está aconteciendo la dramática situación opuesta y estas personas están muriendo por congelación), encontrabas tiendas y tiendas precarias en naves industriales (la mayoría) sin las condiciones mínimas sanitarias, sin intimidad y en muchos de ellos sin nada más que hacer que esperar (des-esperar) alguna respuesta gubernamental, por parte de las instituciones, que no parecen tengan interés en hacer nada…Lo más parecido a un limbo que he visto nunca.

Durante nuestra intervención en Elpida, hicimos prácticamente de todo: cocinar, limpiar, montar muebles, coser cortinas, volver a limpiar y más limpiar, una fábrica abandonada, que cómo pueden imaginar tiene mucha basura y desastre en la infraestructura… toda esta acción formaba parte de un trabajo de preparación para recibir y dar la bienvenida de lxs primerxs no-refugiadxs al lugar.

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Una escoba y unos guantes me parecían ser las herramientas más útiles que nunca había visto antes! Tras unas semanas de espera y mucho jabón, al fin vimos llegar lxs primerxs residentes: familias completas integradas por hombres, mujeres, niñas y niños que venían de meses de viaje, a veces de otros campos, de huir de una guerra de la que no son culpables, o al menos tan culpables como tú o yo.

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Al fin llegaban a un sitio seguro. Ver a una niña reír, llorar y gritar de alegría al encontrar duchas limpias, jabón y toallas, representaba la sensación general que todxs trasmitían.

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Ya con residentes, Elpida cambio de forma. Los espacios se iban ocupando y en este momento las emociones son contradictorias, bipolares más bien. Con las personas llegan las historias, sus vidas, vidas como la tuya y la mía, que se han roto por una guerra… Y entonces aparecen las historias de horror y violencia, pero de la profunda tristeza en este espacio de calma llamado Elpida, espacio de acogida con un poco de amabilidad, aparece por fin una tímida pero valiosísima alegría, porque aún hay vida. Y los momentos se llenan de ilusión.

Recuerdo agradecer todos esos momentos; como la mejor clase de aerobic que nunca he recibido, gracias a una residente que llevaba meses sentada en una tienda como la mayoría de no-refugiadxs, y decidió que todas tenían que endurecer sus piernas, mujeres, niños y niñas riendo, sudando y respirando durante más de dos horas.

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Elpida significa esperanza en griego, y es lo que intenta ofrecer a sus residentes: Esperanza. Y sí hay diferencia, y sí hay dignidad en la acogida. Hay que entender que en el mejor de los casos pasarán allí dos años, quizá 3, 4, 5, 7… Quién sabe… pero no puedo dejar de pensar que sigue siendo un campo de refugiadxs. Que  sigue siendo un espacio donde sus residentes están tan bloqueados (como todxs los refugiadxs del planeta), que no se les está ofreciendo (permitiendo!) una vida propia, y que hay miles de personas que están ahora pasando un segundo cruento invierno en una tienda de campaña precaria y que parece que el mundo entero se ha olvidado de ellxs. Y es que la nieve que cae sobre las personas no-refugiadas es mucho más fría. Es mortal.

María Abengózar, coofundadora y vicepresidenta de Ling Tao Acupuntorxs Descalzxs-ONG y docente en nuestra Escuela


Más información sobre el proyecto Elpida

Facebook Elpida Home

http://togetherforbetterdays.org/

Publicado por

ACUPUNTORAS DESCALZAS

Escuela de Medicina Tradicional Oriental/ Centro de Terapias/ ONG

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