Reflexiones de un estudiante de ACUPUNTURA que nos acompaña a Guatemala

Ramón Lax, ha realizado en nuestra Escuela de Medicina Tradicional China la formación de 3 años TÉCNICXS EN ACUPUNTURA Y MEDICINA TRADICIONAL ORIENTAL en Alcázar de San Juan. Este estudiante, completa sus prácticas, acompañándonos en el último proyecto de Acupuntura Humaitaria que hemos realizado en Guatemala en las comunidades mayas CPR-Sierra del norte, en Zona Reina. Ramón, ahora sí, Acupuntora Descalza también, nos habla de su experiencia.


Buenas, soy Ramón Lax estudiante en prácticas perteneciente a Acupuntoras Descalzas-ONG.

Voy a contar mi experiencia en el viaje a Guatemala.

Recién llegado a España y con parte de la energía todavía en la selva os contaré esta gran aventura digna de vivir sin lugar a dudas. El 29 de Agosto de 2017 salíamos hacia Guatemala, debíamos llegar a la comunidad de San Antonio en Quiché. El viaje fueron 12 horas de vuelo y otras 12 largas horas entre carreteras y estrechos caminos de montaña donde el mejor de los coches “Todoterrenos” tenía dificultades para poder solventar las barreras que ofrecía la naturaleza. Después de un largo camino en la parte trasera de un Todoterreno, a veces agarrados a las barras protectoras para no despeñarnos como el que se agarra a la vida o sentados a duras penas entre coles y patatas que trasportaban a la comunidad, compartíamos opiniones sobre el sistema establecido con diferentes personas que nos acompañaban de Nebaj (Guatemala), además de una madre con su bebé.

Ramón, gorra y camiseta blanca a la izquierda. Bajar del carro para pasar andando zonas peligrosas

Adentrándonos en el camino, conseguimos entrever a lo lejos de un impresionante valle que esclarecía ente las montañas de la selva, unas pequeñas casas de tablones de madera y tejado de chapa. El recibimiento fue una acogida cálida por parte de Miguel (sacerdote maya y asistente a las capacitaciones de Acupuntoras Descalzas desde 2014). Se veía en un su mirada el asombro de vernos, a esta gente extraña, haber conseguido llegar hasta allí. Después de dejar las pesadas maletas donde venía todo el material de acupuntura fuimos a reunirnos con las autoridades de las comunidades, que no son otros que campesinos. Decidieron un lugar para que pudiéramos comer y dormir, y otro para realizar las clases de acupuntura y los tratamientos.

María (acupuntora descalza, Ramón, nuestro alumno en práctica que nos acompaña desde España (ahora también acupuntora descalza) y familia de la comunidad. Estamos en casa

Nos alojamos en una pequeña habitación de bloques de cemento y tejado de chapa, montamos nuestra pequeña cama militar con una mosquitera, ya que allí hay todo tipo de insectos. También teníamos fuera una pila de piedra para lavarnos y lavar la ropa con agua que llegaba desde el río. Después, cada día, realizábamos la comida con una familia que nos acogía con gusto. Las duras tareas de la casa y el cuidado de sus criaturas (entre 5-8 años) lo realizaban madres y niñas de poco más de 8 años, así nos ofrecía lo mejor que tenían. La alimentación base se componía de los siguientes alimentos, todos de sus propios cultivos y de sus animales en libertad: maíz nixtamalizado en forma de tortillas y frijoles, a veces un huevo de sus gallinas, algunas otras un trozo de pavo o pato, o incluso, diferentes tipos de yerba “wiskil”. Estoy seguro que a veces nos preparaban cosas que ellas sólo comían en muy contadas ocasiones. No pasé hambre, ni tuve un solo día dolor de tripa. En este lugar la naturaleza gobierna los tiempos, nos levantábamos con el canto de los animales y la salida del sol a las 6 de la mañana, (ya que la luz es escasa o en el mejor de los casos es una vieja bombilla de poca intensidad), desayunábamos en la casa correspondiente y nos marchábamos a lo que allí llaman “capacitación” (clase en castellano).

Las clases de la capacitación en Acupuntura Humanitaria con todo el equipo de LTAD. Veis de frente a María, Ángeles y Paco etc.

Comenzábamos haciendo Taichi o QiGong y después continuábamos con la capacitación en acupuntura. Asistían, en su mayoría, mujeres con una gran atención y entusiasmo por el aprendizaje que ofrecíamos. El lugar donde la realizábamos era un porche rodeado de naturaleza y a 50 metros de un increíble río. Después parábamos para almorzar. Teníamos que volver andando por caminos de montaña, una buena forma de hacer ejercicio. Por la tarde, antes de comenzar el trabajo de atención clínica, me bañaba en el río, ya que no existen duchas como aquí las conocemos. Allí, en invierno, se usa un temazcal en algunas ocasiones. Generalmente se lavan en la pila con el mismo jabón de lavar la ropa. 

QiGong cuando amanace

A las 14:00h comenzábamos el trabajo de atención clínica a los pacientes de las diferentes comunidades. Atendíamos a una media de 45 pacientes diarios! (a veces más), lo que hizo que ganara destreza y habilidad con la punción y el manejo de la aguja. Los resultados eran sorprendentes en poco tiempo, sobre todo, en parálisis fácil y dolores de cabeza, que era los más habituales entre estas personas. Pienso que esta alta efectividad puede ser debida a la absoluta confianza que allí tenían en la acupuntura, el gran valor y respeto que muestran por la naturaleza que les rodea y su plena confianza en la protección de la madre tierra. Para realizar el trabajo de atención clínica y por petición de las autoridades compartimos el espacio en el centro de salud con los enfermerxs que allí trabajaban y un médico cubano que asistía 15 días si y 15 no (ya que pocos médicxs quiere viajar hasta allí, por dificultades en el trayecto, entre otros muchos motivos).  

Estudiantes de nuestra capacitación en acupuntura

Terminábamos la consulta entre las 18.00 y las 18.30. Debíamos refugiarnos ya que se hacía de noche y comenzaba a llover. Para que entendáis el por qué, pondré un ejemplo: En un minuto de lluvia, acababas empapado, hasta las rodillas de lodo, en medio de un camino oscuro con una pequeña luz a pilas, pisando con mucho cuidado y pensando que ese día no acabará tu vida arrastrado por la corriente del río. Ahí es cuando te sientes una pulga en un inmenso universo gobernado por la naturaleza implacable, así tu ego y orgullo se sienten insignificantes, como la pulga. A pesar de todo, llegas a la cena agradecido de poder haber sentido eso. Después, teníamos que conseguir volver a casa pisando charcos o cacas de caballo, en esto sí que puedes elegir, y allí te encuentras rodeado de niños infinitos de todas las edades que aparecen en el resplandecer de los relámpagos.  (Aclaración: digo niños porque a las niñas como en toda estructura de tintes patriarcales, el trabajo de  “los cuidados” y las tareas de la casa como cocinar les tocan sistemática e ineludiblemente a ellas). Los niños al principio sólo se paran a observarte como algo raro y extraño, después consigues hacerte amigo de todxs y jugar con ellxs. Es increíble ver como una niñx de 5 años descalzo salta infinitas veces al suelo desde una ventana mayor de su altura, no veo en España forma más fácil de romperte los pies.

Miguel Sanchez (sacerdote maya y asistente a nuestras capacitaciones en acupuntura), Ramón Lax (Acupuntora Descalza en prácticas), Francisco Abengózar (Acupuntora Descalza). En la selva, en la comunidad

Una de las mañanas que tuvimos libre fuimos con el sacerdote maya y promotor de salud, Miguel Sánchez, a explorar la selva y conocer plantas medicinales. En nuestro afán aventurero acabamos varados en el río, descalzas sobre piedras puntiagudas, mientras él cruzaba tranquilamente dos veces y le daba tiempo a fabricar dos palos con su machete para que pudiéramos pasar. Como él dijo “en tiempos de la guerrilla seríamos las primeras víctimas a manos del ejército”.   

Podría contar muchas más cosas pero esto es lo que más emoción me causa y de lo contrario se alargaría mucho el texto.

Quiero lanzar una reflexión respecto a eso que me dicen algunas personas de que allí son pobres. Yo no tengo claro qué nivel de pobreza existe en esta comunidad pero me gustaría hacer una apreciación y plantear una pregunta. Allí cultivan y recogen para su propia subsistencia de forma independiente y manual los productos que consumen: maíz, café, frijoles, cardamomo, cacao y caña de azúcar, además de tener patos, gallinas, pavos y cerdos. Si en un país mal llamado “desarrollado” cierran las tiendas y los bancos, ¿qué vamos a comer?

En resumen, ha sido una aventura impresionante, imprescindible para mí, se la recomiendo a cualquier persona. Sólo me queda reconocer a Acupuntoras Descalzas su existencia por darme la oportunidad de realizar éste increíble e impresionante viaje al corazón de la naturaleza, los sentimientos y las emociones. Les estoy verdaderamente agradecido, ya que de otra forma no podría haberlo realizado. Gracias de nuevo a Ángeles, María, Marta y Paco, Acupuntoras Descalzas, mis profesorxs.  

Hasta siempre, Ramón Lax.

Publicado por

ACUPUNTORAS DESCALZAS

Escuela de Medicina Tradicional Oriental/ Centro de Terapias/ ONG

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